Mujer…. rompiendo estereotipos

Por Silvina Brito

Y NOSOTRAS QUÉ… La figura de la mujer en el mundo de la arquitectura.

Desde el comienzo de la historia, las mujeres estuvieron involucradas en la creación de su propio hábitat. En la prehistoria jugaron un papel fundamental en el acondicionamiento de las cavernas, tan es así que, está comprobado que las manos que aparecen en las cuevas, como las de El Castillo y Pech Merle, en su mayoría pertenecen a mujeres.

A lo largo de la historia, la mujer se ubicó en un segundo plano con respecto al hombre. De hecho, en un principio, el terreno de la construcción estuvo reservado exclusivamente para el desarrollo personal y profesional del mismo, la mujer tan frágil y delicada no podía caminar en medio del cemento, la arena y las piedras. Mucho menos se la consideraba capaz de dirigir una obra.

Así, hasta algunas décadas atrás era impensable que un hombre recibiese instrucciones de una mujer para realizar cualquier trabajo.

Desde los inicios, los roles que ejercían tanto el hombre como la mujer se encontraban tradicionalmente bien diferenciados: el hombre trabajaba fuera y la mujer se quedaba en casa, por lo que, para el sexo femenino, la educación formal no era una opción y sólo podían tener acceso a la profesión a través de prácticas.

Las primeras mujeres en abrirse camino en esta disciplina fueron la francesa Katherin Briçonnet (1494-1526), quien supervisó la construcción del Castillo de Chenonceau mientras su marido se encontraba en la guerra, y la inglesa Lady Elizabeth Wilbraham (1632-1705), considerada la arquitecta de Wotton House, en Buckinghamshire, entre otras edificaciones.

En Europa, fue Finlandia el primer país que permitió el ingreso de estudiantes mujeres a la escuela de arquitectura, aunque inicialmente eran consideradas “estudiantes especiales”. La primera de la que se tenga registro fue Signe Hornborg (1862-1916), la cual consiguió graduarse por un “permiso especial” en 1890.

Sin embargo, fue la estadounidense Julia Morgan (1872-1957), quien se convirtió en 1902 en la primera mujer del mundo titulada en arquitectura. Diseñó más de 700 edificios, muchos de los cuales fueron encargados por organizaciones de mujeres, que realizaron una importante labor de apoyo a la educación femenina, reflejo del nuevo papel que la mujer ya reivindicaba a principios del siglo XX.

Fue justo después de la Segunda Guerra Mundial cuando las mujeres tuvieron mayores oportunidades para acceder a la universidad. Sin embargo, la sociedad en general, presionaba fuertemente para que volvieran a realizar las tareas del hogar.

Muchas parejas de arquitectos famosos se conocieron mientras cursaban sus estudios. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de ellas quedaron relegadas a la sombra de su marido, perdiendo cualquier tipo de reconocimiento por su trabajo. Tal es el caso de la arquitecta Denise Scott Brown (1931) casada con el arquitecto Robert Venturi. Trabajaron juntos desde 1969; sin embargo, fue excluida en 1991 del Premio Pritzker, lo que provocó su protesta y el debate sobre la dificultad de las mujeres arquitectas para ser reconocidas en su profesión.

Fueron pioneras, luchadoras, incansables, grandes transgresoras en su época y constructoras de este camino que llega hasta nuestros días, por lo que se puede decir que, durante este siglo XXI, las arquitectas ganaron una mayor notoriedad y un amplio reconocimiento por sus logros.

En el 2004, la arquitecta mundialmente reconocida arquitecta Iraquí-Británica, Zaha Hadid, se convirtió en la primera mujer en ganar un Premio Pritzker, luego le sucedieron la arquitecta japonesa Kazuyo Seijma en 2010, las arquitectas irlandesas, Yvonne Farrell y Shelley McNamara en 2020, y finalmente en el 2021 el premio fue para la arquitecta francesa Anne Lacaton.

Muchas han sido las mujeres que de una u otra forma contribuyeron a escribir esta historia, pese a todos los obstáculos que debieron enfrentar en su momento para estudiar y luego ejercer esta profesión tradicionalmente masculina, luchando siempre por la aceptación y el reconocimiento de sus pares.

Claramente, el camino fue largo y, si bien aún queda mucho por recorrer, los modelos de trabajos multidisciplinarios generaron nuevas formas de entender la profesión, desde una posición solidaria y colaborativa, propiciando un entorno de trabajo más igualitario, que en definitiva es a lo que debe aspirar en conjunto una sociedad moderna y justa

¡Hoy más que nunca, las mujeres decidimos dejar la cocina para salir a comernos el mundo!

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